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Los fraudes ocurren en el momento menos esperado, no importa el tamaño de las empresas, ni el valor monetario de estas actividades, las consecuencias podrían tener una gran implicancia dentro de la organización, independientemente que se trate de una entidad comercial o una sin fines de lucro.

Es por ello que se debe estar atento ante cualquier eventualidad que se presente dentro de la empresa, esto conlleva a superar ciertos “mitos” que suelen ser atribuidos al fraude, algunos de los más comunes son:

Mito 1: “Si un fraude ocurriera lo descubriríamos rápidamente”

Los mecanismos de detección (principalmente de control interno) tienen sus limitaciones: colusión, subordinación a la gerencia, errores humanos y otros.

Mito 2: “Sabríamos si el fraude estuviera ocurriendo ya que supervisamos todas las áreas vulnerables”

Las actividades de prevención no suelen estar debidamente alineadas con los riesgos materiales.

Mito 3: “El daño por el fraude no sería significativo, es decir, lo podemos manejar”

El fraude tiene un efecto cascada – daño financiero, reputacional, y a la moral de los empleados.

Mito 4: “El fraude no puede sucedernos porque somos una empresa estable”

La evidencia nos dice que aún las empresas más reguladas, aquellas con los mejores sistemas de control, están sujetas al fraude. Así mismo, cada permutación de prácticas de la industria, normas culturales, nuevas tecnologías, la autonomía de la fuerza de trabajo, son elementos que crean factores de riesgos únicos para la empresa.

Fuente: Auditool (extraído de www.nahunfrett.blogspot.com)