La seguridad informática ya no es un tema exclusivo del área de sistemas: hoy es una responsabilidad compartida por todas las personas que forman parte de la organización. En un entorno cada vez más digitalizado, donde la información circula constantemente a través de correos electrónicos, aplicaciones, plataformas en la nube y dispositivos móviles, proteger los datos se vuelve clave para la continuidad del negocio, la reputación institucional y la confianza de clientes, socios y colaboradores.
Uno de los primeros pilares de la seguridad es el cuidado de las contraseñas. Utilizar claves seguras, únicas para cada servicio, no compartirlas con terceros y cambiarlas ante cualquier sospecha de uso indebido reduce significativamente el riesgo de accesos no autorizados. Del mismo modo, es fundamental mantener una actitud preventiva frente a correos o mensajes sospechosos. La verificación del remitente, la desconfianza ante enlaces o archivos inesperados y la atención a errores de redacción o pedidos urgentes ayudan a prevenir fraudes, suplantaciones de identidad y ataques de phishing.
La protección de los dispositivos también cumple un rol central. Bloquear los equipos cuando no se utilizan, mantener los sistemas actualizados y evitar la instalación de aplicaciones no confiables contribuye a disminuir vulnerabilidades. Asimismo, el uso de conexiones seguras es una buena práctica básica: evitar redes Wi-Fi públicas para trámites importantes y cerrar sesión al finalizar una tarea reduce la exposición de la información.
Finalmente, la protección de los datos personales y laborales debe ser una prioridad diaria. No compartir información sensible sin verificar su legitimidad, realizar copias de seguridad periódicas y reportar de inmediato cualquier actividad inusual permite actuar a tiempo frente a incidentes. La seguridad informática se construye con hábitos simples, constancia y compromiso colectivo. Cuidar la información es cuidar a la organización.
